Amor en la Adolescencia  

Manuel Fuentes Wendling

Si mis padres riñen habitualmente o mi pareja me cuenta que los suyos lo hacen, y por eso la situación en mi hogar o en el suyo es de constante inestabilidad y me afecta o le afecta emocionalmente, ¿puede sustituir el amor en la relación de pareja al afecto que yo no recibo en mi hogar o que no recibe mi pareja?

 

   Si los padres tuvieran real conciencia del daño emocional que infieren en sus hijos adolescentes al reñir o pelear es muy probable que riñeran menos y razonaran más.

   Por desgracia la espiral de los conflictos matrimoniales se retroalimenta negativamente y a no ser que alguna de las partes logre imponer un espacio de razón, el nivel del conflicto no sólo aumenta en el número o cantidad de enfrentamientos sino que en su contenido y profundidad.

   El amor y afecto que los padres pueden prodigar a sus hijos no es sustituible. Tampoco en la adolescencia, etapa en que, como he repetido ya varias veces, el grado de sensibilidad en el ser humano aumenta y, por consiguiente, se van estructurando los sentimientos y la forma de valorar las actitudes personales y las de los demás. En esta readecuación, por lo general, emerge o aflora un sentido crítico por todo y hacia todo, el mismo que puede desviarse hacia expresiones de agresividad si existen condicionantes ambientales que las favorezcan. Los conflictos matrimoniales y la inestabilidad en el hogar son alguno de estos condicionantes.

   En consecuencia, la relación adolescente de pareja si bien puede constituirse en un refugio emocional, porque el amor de la pareja puede compensar en alguna medida el desafecto del hogar, en ningún caso es posible que sustituya el amor paterno.

   Todo lo anterior no invalida el hecho de que tu pareja puede ser para ti un importante apoyo, o tú te puedes transformar en un importante apoyo para tu pareja. Para ello, sin embargo, debe haber la suficiente comunicación a objeto de que uno sepa lo que le esta ocurriendo al otro, sin ocultar que la raíz de los problemas emocionales está en la inestabilidad hogareña.

   En las primeras edades de la adolescencia, donde la relación de pareja como relación es menos estable y por lo mismo menos duradera, no se logran los grados de confianza suficiente como para contarse los problemas del hogar. Incluso existe un grado de reserva respecto de ellos. Pero ya entre los 14 y 16 años esta comunicación es más fluida por el mayor grado de comprensión de los problemas, su valoración y sus proyecciones.

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